El iPad que dejó de ser juguete
La próxima semana llegará a las estanterías de los mercados clave de Apple el nuevo iPad. Tal cual: no es el iPad 3, ni es el iPad HD. Simplemente, es el nuevo iPad.
Y tal como narré el año pasado a estas mismas alturas, estuvo precedido por un río de rumores que, en su mayoría, no eran nada nuevos: conectividad 3G y LTE de cuarta generación móvil; el arribo de la tecnología Retina Display a la pantalla del nuevo modelo — sacrificando en unos milímetros la delgadez y peso de su antecesor -, que cuenta con más pixeles que un televisor Full HD (2048x1536, un 37% para ser más exactos) en tan solo 9,7 pulgadas; y la llegada del procesador A5X, que empodera a iOS y sus aplicaciones con cuatro núcleos gráficos y dos de procesamiento.
Los comentarios, a estas alturas, son esperables: “¡Es igual al iPad 2! Qué lástima, no vale la pena comprarlo”, o “Será un fiasco, igual que el iPhone 4S, que no cambió nada en realidad”. Sin embargo, a lo largo de la primera presentación de un producto tras la muerte de Steve Jobs, el CEO de Apple, Tim Cook, se encargó de dejar en claro por qué el iPad sigue siendo el tablet más vendido del planeta, con 15,4 millones de unidades en el último trimestre de 2011: el software.
Porque una vez más, Apple demuestra que el fuerte está en el traje a medida en el que se convierten sus dispositivos para su ecosistema. Las nuevas características serían simplemente triviales si no pudieran aprovechar el poder que reside en iOS y su ecosistema de más de 200.000 aplicaciones que están desarrolladas para su tablet.
Las nuevas versiones de iWork — su suite de ofimática - iMovie — para edición de video - y GarageBand — la aplicación de composición musical -, sumado al salto a iOS del gestor de fotografías iPhoto, que demostró una capacidad de edición muy superior a la versión de escritorio por un precio bajísimo (USD$4.99), hacen que quienes vean hoy al iPad como una tablet de juguete puedan por fin estar equivocados.
Si bien la mayoría de las tablets Android ya cuentan con conectividad y resoluciones de pantalla similares a las del lanzamiento de hoy, su cáncer sigue siendo la fragmentación de sus versiones, un fantasma que sigue presente en Ice Cream Sandwich, y que en su versión 5 — Jelly Bean - tratará de desaparecer más allá de la interfaz de usuario.
Quien tiene ahora las de ganar es Windows 8; solo resta ver durante el año si la visión de Microsoft al unificar la interfaz del PC con sus plataformas móviles y de entretenimiento vale la pena en esa enorme apuesta que representa el intentar dominar la nueva era de la computación personal.
Source: papeldigital.info